En
su último mensaje de Navidad antes de su abdicación, cuando la
crisis financiera ya había hecho migas el tejido productivo de
España, destruido la economía familiar de millones de hogares y
puesto el sistema bancario al borde del concurso de acreedores, el
entonces rey Juan Carlos de Borbón apareció en televisión apelando
a «la fuerza de la familia» para superar el bache. Criticó duramente «los casos de falta de ejemplaridad en la
vida pública» que habían dañado, según él, «el
prestigio de la política y de las instituciones» que debían
sacar al país del agujero.
«La
salud moral de una sociedad se define por el nivel del comportamiento
ético de cada uno de sus ciudadanos, empezando por sus dirigentes»,
dijo
solemnemente en su discurso en la Nochebuena de 2013.
Todo el mundo interpretó entonces
que se refería a la trama
corrupta del PP que desvelaron los papeles de Luis Bárcenas. Porque
por entonces
aún no se sabía que él, el monarca, también tenía
cuentas en Suiza a través de una fundación con ánimo de lucro, ni
que el año anterior le había regalado
a una de sus
amantes
65 de los 100 millones de euros que había recibido del rey de Arabia
Saudí, tras mediar
desde su cargo de
jefe del Estado español en
la construcción de una línea de AVE en ese país. Era
la misma amante con la que un año antes se había ido a cazar
elefantes a Botsuana mientras la crisis
de deuda amenazaba de quiebra a
España. Aún así, en su
mensaje navideño de 2013, el
último antes de abdicar,
Juan Carlos I insistió
en la relevancia
de la familia y de
la ética política:
«Asumo
las exigencias de ejemplaridad y transparencia que hoy reclama la
sociedad».
El
sucesor del
hoy exrey,
Felipe de Borbón, que era uno de los beneficiarios de aquella
fundación paterna
y
que no renunció a la herencia de su padre hasta que se hizo pública
la
existencia de
su fortuna opaca al fisco,
ha mantenido la tradición del mensaje navideño que
su progenitor, a
su vez, había
copiado
del mensaje de año
viejo
con el que Francisco Franco
aleccionaba
al
país desde 1938, por radio primero y
después
por televisión. Como
ellos, el
actual jefe del Estado, que
este 24 de diciembre cumplirá doce discursos navideños, aparece
en pantalla
con cuidada escenografía
y apariencia
de auctoritas amable, de legítima superioridad moral y
presunta
cercanía
a los problemas que
cada año la Corona intuye como prioridades
ciudadanas.
Con
una salvedad, como
también ocurría con su padre:
suceda lo que suceda, el leit motiv siempre
es la defensa del establishment político y
económico que sostiene a la monarquía,
sin reconocimiento expreso de sus errores, escándalos y corruptelas
ni mención alguna, nunca, a las víctimas de la dictadura de la que
proviene.
2014. Crisis, Corona y corrupción .
En
diciembre
de 2014,
el año del primer discurso de Nochebuena de Felipe VI como jefe del
Estado tras
la abdicación de Juan Carlos I,
España
sigue en crisis con cerca del 24% de paro mientras
los
recortes están
minando la cobertura social.
El
movimiento político surgido alrededor del 15M, de cariz republicano,
se
consolida
como alternativa al
bipartidismo y a una
clase política que la ciudadanía intuye sistémicamente corrupta,
empezando por la Corona.
El
rey lanza ese año mensajes encadenados que recogen
esa
denuncia
pero
sin apuntar, ni
insinuar
siquiera,
a
su padre, que
sigue cobrando un sueldo público, ni a su hermana Cristina de Borbón y a su
marido,
imputado por varios delitos fiscales y de blanqueo:
«Las conductas que se alejan del
comportamiento que cabe esperar de un servidor público, provocan,
con toda razón, indignación y desencanto (…) Necesitamos una
profunda regeneración de nuestra vida colectiva (…) Debemos cortar
de raíz y sin contemplaciones la corrupción (…). La honestidad
de los servidores públicos es un pilar básico de nuestra
convivencia». Felipe VI pide a los ciudadanos «recuperar la
confianza», y, como era habitual en los mensajes de su
progenitor, defiende la Constitución como «la garantía de una
convivencia democrática, ordenada, en paz y libertad». Por
primera vez en la historia de los mensajes reales, el rey se despide
en las cuatro lenguas oficiales: «Feliz navidad, Eguberri on,
Bon nadal, Boas festas».

2015. La amenaza de una ruptura.
El
domingo 20 de diciembre de 2015 se celebran elecciones generales.
Podemos, que ha aglutinado buena parte del descontento social de los
últimos años, obtiene 69 escaños, por 123 del PP, 90 del PSOE y 40
de Ciudadanos. La izquierda alternativa no sólo propone un cambio de
ciclo, sino de sistema político, que incluye el fin de la monarquía.
Cuatro días después de los comicios, el rey enarbola la defensa de ese sistema con críticas veladas a cualquier proyecto que lo cuestione,
como si la victoria de la izquierda (PSOE más Podemos) en votos y en
escaños sobre la derecha (PP más Ciudadanos)
no fuera democrática:
«La
ruptura de la ley, la imposición de una idea o de un proyecto de
unos sobre la voluntad de los demás españoles, solo nos ha
conducido en nuestra historia a la decadencia, al empobrecimiento y
al aislamiento. Ese es un error de nuestro pasado que no debemos
volver a cometer», advierte,
para añadir: «Debemos
desterrar los enfrentamientos y los rencores«. En
años posteriores, Felipe VI volverá a utilizar en sus discursos
navideños el término «rencor» en aparente alusión a las
demandas de reconocimiento, reparación y justicia de las víctimas
de la dictadura.
2016. Recortes y «heridas cerradas».
Lo
hace un año después, lo
de usar el término «rencor«, en
la Nochebuena de 2016. Casi
al final de su discurso
se postula por construir una
España «de brazos abiertos y manos tendidas, donde nadie agite
viejos rencores o abra heridas cerradas«.
Se
han
repetido las elecciones
generales en
junio, y el PP de Mariano Rajoy (137 escaños) ha logrado mantenerse
en el poder gracias al apoyo de Ciudadanos (32), frente al PSOE (85),
cuya cúpula ha
echado a su líder –Pedro Sánchez–, y Unidos Podemos (71). La amenaza
de la ruptura política se aleja por
la izquierda y Felipe VI
ofrece y demanda calma: «Hemos
superado una compleja situación política que conocéis bien.
Es importante ahora que
en nuestra sociedad se haya recuperado la
serenidad», afirma.
La ruptura, sin embargo, se
acerca por Catalunya, donde Carles Puigdemont, nuevo president de la
Generalitat, avanza en el procés
hacia el referéndum de independencia, contra el que el rey clama en su mensaje, entre líneas pero de forma nítida a ojos de la mayoría de analistas: «Tampoco
son admisibles ni actitudes ni comportamientos que ignoren o
desprecien los derechos que tienen y que comparten todos los
españoles para la organización de la vida en común. Vulnerar las
normas que garantizan nuestra democracia y libertad solo lleva,
primero, a tensiones y enfrentamientos estériles que no resuelven
nada y, luego, al empobrecimiento moral y material de la sociedad».
2017. Catalunya y, por primera vez, violencia de género
El
referéndum de independencia se ha celebrado el 1 de octubre entre
cargas y represión policial que lo conducen al fracaso, pero el
Parlament de Catalunya declara la independencia el 27 de ese mes y eso provoca que
el Gobierno de Rajoy aplique el artículo 155 de la Constitución
para intervenir la Generalitat y destituir a Puigdemont y a todo su
gabinete. Menos de dos meses después, Catalunya centra el discurso
de navidad del
rey, al que las fuerzas
soberanistas acusan de abandonar su obligada equidistancia
institucional para situarse del lado de quienes se opusieron a la
consulta. El monarca les
acusa de querer «imponer
las ideas propias frente a los derechos de los demás»
y
de optar por el «enfrentamiento» y la «exclusión», que, a
su juicio, «solo
generan discordia, incertidumbre, desánimo y empobrecimiento moral,
cívico y –por supuesto– económico de toda una sociedad».
Unos
meses antes, la Audiencia Nacional ha condenado a su
cuñado por varios delitos de
corrupción, pero Felipe VI no se
refiere él en su mensaje y
solo
se
limita a constatar, en una línea, que la
corrupción
se mantiene «como una de las principales preocupaciones de la
sociedad española». Por primera vez desde que fue coronado, sí
habla
expresamente
de
la violencia de género, «una lacra inadmisible (…) criminal y
cobarde».
Juan Carlos de Borbón: «La salud moral de una sociedad se define por el nivel del comportamiento ético de cada uno de sus ciudadanos, empezando por sus dirigentes»
2018. 8M, nuevas generaciones y memoria democrática
El
8 de marzo de 2018 se celebra el primer paro internacional de
mujeres, una huelga con un seguimiento masivo en España que la
Corona intuye como una referencia de enorme malestar social como no se conocía desde el 15M, y
que lleva al rey a citar a la violencia contra las mujeres en las
primeras líneas de su mensaje de Nochebuena, para lamentarla en
plural mayestático: «Merece
siempre nuestra repulsa y condena más enérgica». El
31 de mayo, Pedro Sánchez ha desbancado a Mariano Rajoy con
una moción de censura tras la sentencia que condena al PP por el caso Gürtel, pero, paradójicamente, este es el año en que el monarca
dedica menos espacio de su mensaje a condenar la corrupción: le sigue «preocupando, por supuesto, muy seriamente».
La mayoría de su discurso se dirige a promocionar
la Constitución ante las nuevas generaciones, a las que insta a
defender «los ideales» de la transición, que identifica
con el diálogo y el consenso, frente, de nuevo, al «rencor y el
resentimiento» que forman parte de «la peor historia»
de España.
2019. El discurso neoliberal.
La
condena al «rencor» también está presente en el discurso
del 24 de diciembre de 2019, que, como todos los mensajes navideños
de Felipe VI, se centra sobre todo en defender el sistema político y
económico establecido. Si en años anteriores el rey esgrimió
argumentos clásicos del relato neoliberal, como definir los recortes
sociales como «sacrificios necesarios» por la crisis o
alabar la ética del esfuerzo como garantía de ascenso social, en
este se esmera en identificar las desigualdades sociales y de
género no como un efecto
estructural del sistema sino como un consecuencia derivada de la
crisis, para defender las benevolencias de aquél:
«Vivimos en un
Estado social y democrático de derecho que asegura nuestra
convivencia en libertad y que ha convertido a España en un país
moderno, con prestaciones sociales y servicios públicos esenciales
como en educación y en sanidad»,
dice. Las elecciones generales de noviembre han disparado a
Vox (52 escaños) pero hundido al PP (89) y a Ciudadanos (10); y
Pablo Iglesias, líder de Podemos, la referencia del discurso
republicano en la política nacional, asoma como vicepresidente de
Pedro Sánchez en las negociaciones para formar Gobierno. El rey se
refiere a ellas y reclama: «No debemos caer en los extremos
(…) ni en una autocrítica destructiva».

2020. Pandemia y fuga.
Ha transcurrido un año trágico, con decenas de miles de fallecidos
por el
covid-19 y
la economía derrumbándose de nuevo por el confinamiento, que ha
obligado al cierre de empresas y negocios y ha paralizado el comercio
mundial. A finales de diciembre se atisba algo de luz al final del
túnel, pero el jefe del Estado aún habla en términos de tragedia
colectiva. Se refiere a profesionales, empresas y trabajadores,
especialmente sanitarios, para lanzar alabanzas conjuntas; a
la investigación, la ciencia y la «responsabilidad individual»,
pero
no dedica
ni
una línea en defensa expresa
de
la sanidad pública como
constructo común que ha permitido salvar miles de vidas.
Además
del reto sanitario, Felipe
VI habla
de la
necesidad de idear soluciones para evitar
que la crisis económica «derive en una crisis social»,
pero,
de nuevo, sin una palabra sobre las medidas económicas –los EREs,
el escudo social– adoptadas por el Gobierno de coalición (PSOE más Unidas Podemos) que se había
formado
a principios de año, sólo dos meses antes de la emergencia
sanitaria. En diciembre, las restricciones para prevenir el contagio
del virus limitan a seis el número de personas permitido en las
celebraciones navideñas, pero
en
la familia real serán uno menos, pues en agosto Juan Carlos de
Borbón se ha fugado a Abu Dabi huyendo
de sus escándalos de corrupción. Pese a la polémica que el caso
levanta en
todo el país,
el rey no se refiere a su padre en
su discurso de diciembre,
ni a su propia condición de beneficiario de su fortuna oculta, a la
que se ha visto obligado a renunciar pocos meses antes, cuando salió a la luz. Se
limita a decir que «los
principios morales y éticos que los ciudadanos reclaman (…)
están
por encima de cualquier consideración (…)
incluso de las personales o familiares», y
que eso demuestra «el
espíritu renovador que inspira» su
reinado.
2021. Las vacunas de las infantas
El
volcán de la Palma entra en erupción en septiembre y el rey empieza
su mensaje de Navidad tres meses después con cariñosos recuerdos a
los afectados. Pero el 2021 ha sido el año del principio del fin de
la pandemia y el monarca lo celebra: «Hemos avanzado
sustancialmente en la
lucha contra la pandemia gracias al descubrimiento y autorización de
las vacunas», proclama.
En
marzo ha trascendido que sus hermanas, Elena y Cristina de Borbón,
habían volado a Abu Dabi,
y que allí, junto
a su padre,
el
exrey Juan Carlos, habían
aprovechado
para vacunarse
contra la
covid-19, saltándose así las listas de espera que en España priorizaban a los
grupos de riesgo, especialmente a
las
personas mayores.
El
rey no se pronuncia sobre
ello,
pero sí critica a «las instituciones» del Estado –además
de la Corona, que él ostenta, son el Gobierno, el Poder Judicial y
las Cortes– , y les reclama «respetar
y cumplir las leyes y ser ejemplo de integridad pública y moral«.
2022. Ucrania y la erosión institucional.
«Cuando
creíamos haber superado lo peor de la pandemia (…)
en el mes de febrero Rusia invadió Ucrania». Felipe
VI empieza
su discurso de 2022 condenando
la invasión y sustentando el discurso armamentista –»Nuestra
seguridad también se ha visto afectada»–, aunque
también, por primera vez tan directamente, el de la
protección
social: «Encender
la calefacción o la luz o llenar el depósito de gasolina, acaba
siendo una fuente de preocupación e implica –en muchos casos–
importantes sacrificios personales y familiares. Porque, en
efecto, hay familias que no pueden afrontar esta situación de una
manera prolongada y necesitan el apoyo continuo de los poderes
públicos«. En el orden político interno, con Alberto Núñez Feijóo recién
aupado al liderazgo del PP, el monarca se refiere a los que considera
los riesgos más graves a los que se expone el país:
la «división», el «deterioro de la convivencia»
y, de nuevo, «la erosión de las instituciones», a las que
pide que «sean un ejemplo de integridad y rectitud«. Su
padre, que forma parte de la familia real, sigue en Abu Dabi, aunque
en
mayo de
2022 ha
vuelto a España para regatear en Sanxenxo (Pontevedra),
donde ha
contestado con displicencia a los periodistas que le preguntaron si
iba a aprovechar
la visita
para
explicar
sus fraudes a Hacienda: «¿Explicaciones, de qué?».
Felipe de Borbón: «Las conductas que se alejan del comportamiento que cabe esperar de un servidor público provocan, con toda razón, indignación y desencanto»
2023. La Constitución, medio y fin
Las visitas de Juan Carlos desde Abu Dabi se hacen cada vez más
frecuentes –media docena de veces en un año–, una vez que han
sido archivadas, bien por prescripción de los delitos, bien por la protección
constitucional de su figura, las causas contra él. Su presencia, sin
embargo, desarma una y otra vez los intentos de Felipe VI por
recuperar la imagen de la Corona. En su discurso de Nochebuena de
2023, el monarca arranca reconociendo la preocupación por «las
dificultades económicas y sociales que afectan a la vida diaria de
muchos españoles», así como por el empleo, la sanidad, la
calidad de la educación, el precio de los servicios básicos,
la violencia contra la mujer y, por primera vez, «el acceso a la
vivienda» y las pensiones –»un retiro digno», las
llama–. Lo hace para vincular la defensa de esos logros a la de la
propia Constitución, que, además de consagrar la monarquía,
representaría no sólo «un valor democrático» en sí sino un
«instrumento» de garantía del bienestar colectivo.
2024. Ni rastro de Gaza
La
DANA ha arrasado València hace dos meses y en la Nochebuena de 2024
Felipe VI se dirige en primer lugar a sus víctimas para decirles que
entiende «la
frustración, el dolor, la impaciencia y
las demandas de una coordinación mayor y más eficaz de las
administraciones». Intencionadamente
o no, eso aproxima
su discurso al de
quienes usaban
idéntico
argumento para liberar
de responsabilidad al entonces president de la Generalitat Valenciana, Carlos
Mazón. El rey también
habla de inmigración y de integración; de la democracia liberal y
de la Constitución; del paro y la vivienda; la
pobreza y la exclusión
social; Europa e Iberoamérica.. Y
de las amenazas sobre
el multilateralismo y la universalidad de los derechos humanos,
aunque
sin citar ni una vez a Estados Unidos y a Donald Trump ni al Netanyahu y al exterminio planificado por
Israel en Palestina, a pesar de que a finales de 2024 el genocidio ya acumulaba más muertos civiles inocentes que la
invasión rusa de Ucrania, que el
jefe del Estado sí condenó
expresamente. También se
dirige con orgullo a la
juventud española, que acudió «en masa» a València para
socorrer a las víctimas de la DANA y que, a la vez «ha hecho brillar nuestro nombre en los Juegos Olímpicos y
Paralímpicos y en la última Eurocopa».