Quien no los conocía antes de los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 aprendió sus nombres después de dos años de genocidio en la Franja de Gaza. Son Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel, y Yoav Gallant, ex ministro de Defensa. Ambos están siendo investigados desde mayo de 2024 por la Fiscalía de la Corte Penal Internacional (CPI) por haber cometido presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad. Junto a ellos, el fiscal de la CPI, Karim Khan, anunció que estaba investigando por los mismos delitos a Yahya Sinwar, Mohamed Diab Ibrahim Al Masri e Ismail Haniyeh.
Los tres eran altos cargos políticos y militares de Hamás y los tres fueron ejecutados por las Fuerzas de Defensa Israelíes (IDF por sus siglas en inglés) o la inteligencia israelí en 2024. En noviembre de 2024, la Fiscalía de la CPI emitió una orden de busca y captura de Netanyahu y Gallant. Pese a ello, Netanyahu viajó el pasado mes de abril a Hungría, país que en 2001 ratificó el Estatuto de Roma. Con esta firma, Budapest se comprometió, entre otras cuestiones, a acatar el mandato del fiscal del tribunal internacional.
Sin embargo, el pasado mes de abril el actual Gobierno de Hungría, en manos del ultranacionalista Víktor Orbán, eludió esta responsabilidad. Actualmente, tanto Netanyahu como Gallant se encuentran en libertad y ningún país ha tomado represalias serias contra ellos por su posible implicación en los crímenes cometidos en Gaza. En cualquier caso, varias organizaciones que defienden los derechos humanos han señalado repetidamente que no son los únicos responsables de las atrocidades cometidas en la Franja de Gaza y Cisjordania en los dos últimos años.
Tras cada bomba que cae, cada desalojo forzoso y cada bloqueo de entrada de la ayuda humanitaria, hay personas que toman decisiones y que acatan órdenes. Varias organizaciones no gubernamentales, como Human Rights Watch (HRW) o la Fundación Hind Rajab (HRF por sus siglas en inglés), llevan meses rastreando las decisiones tomadas a lo largo de la cadena de mando del político-militar, y recopilando pruebas sobre los presuntos crímenes cometidos por miembros de ambos estamentos.
Según explicó a este periódico Milena Ansaria, investigadora de Human Rights Watch para los Territorios Palestinos Ocupados, el objetivo último de estas pesquisas es que dichas pruebas sean estudiadas por la Fiscalía de la CPI y por los tribunales nacionales con jurisdicción penal internacional. Estas son algunas de las personas a las que HRW, HRF y otras organizaciones han acusado de haber cometido crímenes de guerra y de lesa humanidad.
Israel Katz, ministro de Defensa de Israel
En noviembre de 2024, el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Israel Katz, relevó en el cargo de Defensa a Yoav Gallant. Quien fuera mano derecha de Netanyahu durante el primer año del genocidio en Gaza, tristemente célebre por haber calificado a los palestinos como «animales humanos», fue destituido debido a la disparidad de opiniones entre él y el primer ministro. Entre otras cuestiones, Gallant era partidario de iniciar una investigación sobre los errores de seguridad cometidos durante el 7-O, algo a lo que Netanyahu se oponía frontalmente.

Bajo la dirección de Katz, el genocidio en Gaza no solo ha continuado -pasando de los casi 40.000 palestinos asesinados durante el mandato de Gallant hasta los 70.000 aproximadament-, sino que las hostilidades se han intensificado en Cisjordania. A principios de 2025, reforzado por la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca, el Gobierno de Israel llegó a un precario alto el fuego con Hamás. Durante el mes y medio en el que cesaron los enfrentamientos, el Gobierno israelí inició una campaña de militar en Cisjordania llamada Operación Muro de Hierro.
Esta incursión consistió en el desplazamiento forzoso de la población palestina que residía en los campamentos de refugiados de Jenín, Tulkarem y Nur Shams, con el objetivo de localizar a «elementos terroristas» en ellos. Según las estimaciones de Human Rights Watch, unas 32.000 personas fueron expulsadas de sus hogares violentamente entre los días 21 y 27 de enero y 9 de febrero. No recibieron alimento, agua o una alternativa habitacional segura. Según las informaciones recabadas por HRW, tampoco se les indicó a dónde tenían que ir ni cuándo podrían volver a sus hogares. De hecho, la organización cree que es posible que les impidan volver.
Todo ello constituye una violación del derecho internacional, tal y como se recoge en varios artículos de la Cuarta Convención de Ginebra, que trata la protección de los civiles en tiempo de guerra. HRW considera también que dichos actos se cometieron con intención criminal dirigida contra la población palestina, en lo que consideran que es parte de la política estatal de Israel. Todo ello elevaría estos delitos a la categoría de crimen de guerra y crimen de lesa humanidad.
El actual ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, encargado de aprobar y supervisar las operaciones de las IDF y miembro del Gabinete de Seguridad del Gobierno, es considerado por HRW como uno de los presuntos responsables de los crímenes de guerra y de lesa humanidad cometidos, según la organización, durante la Operación Muro de Hierro.
Herzi Halevi, ex jefe del Estado Mayor del Ejército de Israel

Entre principios de enero de 2023 y principios de marzo de 2025, el puesto de jefe del Estado Mayor de las IDF fue ocupado por Herzi Halevi. Como máximo responsable del ejército de Israel, el teniente coronel ocupaba un asiento en el Gabinete de Seguridad del Gobierno, donde se tomaron todas las decisiones militares llevadas a cabo en la Franja de Gaza y en Cisjordania durante el genocidio.
Durante todo este tiempo, Halevi ha tenido capacidad para proponer estrategias militares y supervisar todas las operaciones. Incluidas, claro está, aquellas en las que se hayan podido cometer crímenes de guerra y de lesa humanidad. HRW señala directamente a Halevi por su posible responsabilidad penal individual, en virtud de su responsabilidad de mando, en el desplazamiento forzoso de la población palestina de los campamentos de refugiados de Jenín, Tulkarem y Nur Shams, en Cisjordania.
Eyal Zamir, jefe del Estado Mayor del Ejército de Israel
Eyal Zamir, sustituto de Halevi en la jefatura de las IDF, ha perpetuado el desplazamiento de los 32.000 palestinos de los campamentos de refugiados cisjordanos en condiciones inhumanas y sin un objetivo claro. Bajo su mando, además, las demoliciones de infraestructuras y viviendas palestinas han seguido produciéndose. Zamir, y antes Halevi, tenían la autoridad de supervisar y, en el caso de que lo consideraran necesario, detener las órdenes de demolición que reducían a escombros los barrios de refugiados palestinos.

Pero Zamir no solo continuó con el legado de Halevi, sino que ignoró las demoliciones que se estaban cometiendo en los territorios palestinos ocupados sin órdenes oficiales. En su informe sobre esta operación, HRW explica que uno de los objetivos ocultos de esta destrucción (fuera autorizada o no) era modificar permanentemente la estructura de los campamentos de refugiados para hacer inviable la vuelta de quienes los habitaban.
Abraham ‘Avi’ Bluth, general de división
Su firma consta en las órdenes de demolición de las viviendas y otras infraestructuras palestinas destruidas durante la Operación Muro de Hierro, según ha podido comprobar la organización HRW. Abraham -alias Avi– Bluth es, desde julio de 2024, comandante del Mando Central de las IDF. Esta división se encarga de las operaciones militares que se llevan a cabo en la mayoría de la Cisjordania palestina, ocupada ilegalmente por Israel.
Por ello, su papel en la Operación Muro de Hierro y en otras llevadas a cabo en este territorio, es directo. Esto quiere decir que si bajo su mando se comete algún crimen o delito, él es uno de los principales responsables. En tanto que general de división, debe rendir cuentas ante el jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir y quienes se encuentren por encima de este. Si destruyen viviendas de civiles palestinos sin que exista una orden de demolición, él es uno de los principales responsables.
Pero que dicha orden exista, explica en su informe HRW, tampoco significa que sea legal. Es importante recordar aquí que tanto la Asamblea General como el Consejo de Seguridad de la ONU, en varias de sus resoluciones, han indicado que la ocupación de Cisjordania por parte de Israel es ilegal. Esto fue recogido una vez más en la opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de julio de 2024.
Beni Aharon, comandante de las IDF
La nota de prensa de HRF tenía el siguiente titular: «En su séptimo cumpleaños, sabemos quién mató a Hind Rajab. Y lo llevamos a la Corte Penal Internacional». Fue publicada el 3 de mayo de 2025 por la Fundación Hind Rajab, una organización belga que investiga posibles crímenes cometidos por militares israelíes en la Franja de Gaza. Nació a mediados de 2024 y su nombre trata de honrar a la niña palestina asesinada a principios de ese año por un batallón israelí mientras trataba de huir con su familia en coche de una zona convertida en un campo de batalla.
La fundación asegura que el tanque Itay Cukierkopf que atacó el vehículo pertenecía a la 401ª Brigada Blindada de las IDF, que a su vez actuaba bajo el mando del teniente coronel Beni Aharon. Los juristas de la organización creen que por los actos cometidos aquel día, Aharon y su batallón podrían haber incurrido en crímenes de guerra, lesa humanidad y genocidio. El pasado mes de octubre sumaron a esta querella otros 24 nombres, entre los que constaba el teniente coronel Daniel Ella, comandante de la 52º Batallón Blindado y el mayor Sean Glass, comandante de la «Compañía Imperio Vampiro» del 52º Batallón.
La HRF anunció también haber enviado todas las evidencias -«120 páginas»- a la Fiscalía de la CPI. En ellas se incluyen «pruebas digitales, satelitales y forenses exhaustivas que confirman que los tanques Merkava IV de la compañía Vampire Empire dispararon repetidamente contra el Kia Picanto negro en el que Hind y su familia estaban atrapados, y que posteriormente dispararon contra la ambulancia enviada para rescatarla».
La organización asegura además que «los ataques se llevaron a cabo con pleno conocimiento del estatus civil y protegido de las víctimas» debido a «una coordinación previa entre la Media Luna Roja Palestina y las autoridades israelíes«. De momento, se desconoce si la oficina del fiscal de la CPI, Karim Khan, ha incorporado o no estas pruebas a la investigación que tiene abierta sobre la situación del Estado palestino
Daniel G, francotirador de la Unidad Fantasma de las IDF
El pasado mes de septiembre, el Centro Europeo de Derechos Constitucionales y Humanos
(ECCHR), el Centro Al-Mezan de Derechos Humanos, la organización Al-Haq y el Centro Palestino de Derechos Humanos (PCHR) presentaron una denuncia ante la Fiscalía Federal Alemana contra un ciudadano alemán e israelí que podría haber participado en el asesinato de civiles palestinos en la Franja de Gaza entre noviembre y marzo de 2024. De su identidad sólo ha trascendido el nombre y una sigla: Daniel G.
De acuerdo a la una comunicación del ECCHR, los primeros indicios sobre la actividad de Daniel G. provienen de un mini documental publicado por el periodista palestino Younis Tirawi en sus redes, en octubre de 2024. En él se describe a la Unidad Fantasma y se recopilan testimonios y vídeos sobre ejecuciones de civiles alrededor del Hospital Al-Quds, en Gaza, y del Hospital Nasser, en Jan Younis. En uno de los vídeos, un soldado israelí explica que su compañero, «Daniel G.», había disparado a personas desarmadas que se encontraban en los alrededores de los hospitales.
A raíz de esta publicación, el periódico alemán Der Spiegel inició una investigación en la que comprobó y amplió los testimonios publicados por Tirawi. En paralelo, el ECCHR y el resto de organizaciones palestinas de derechos humanos recabaron pruebas y presentaron una querella contra Daniel G. en la Fiscalía Federal de Alemania. Otras organizaciones hicieron lo propio con otros miembros de la Unidad Fantasma en Francia, Italia y Bélgica
Quiénes avivan el odio
Muchos investigadores y organizaciones que se dedican a estudiar los genocidios perpetrados en el pasado y en el presente consideran que este fenómeno es un proceso. Para llegar al extermino de un grupo poblacional, considerado por Genocide Watch como la última fase del genocidio, es necesario dar anteriormente otros pasos, como la deshumanización y discriminación de la población oprimida.
Azuzar el odio contra determinados grupos poblacionales es considerado un delito en algunos países. Sólo en ocasiones muy específicas, también puede ser tipificado como un delito de participación en genocidio, debido a la instigación directa y pública a cometer genocidio, tal y como se recoge en el artículo 25 del Estatuto de Roma. Únicamente ha habido condenas por este delito en el caso del genocidio de Ruanda. También la persecución está considerada un crimen de lesa humanidad, y también hubo condenados por estos hechos en el caso de Ruanda y en el de Yugoslavia.
Pese a que no constituye un crimen de guerra, preparan el terreno para que otros delitos sean posibles. En el caso del genocidio palestino, han sido muchas las voces que han promovido la repulsa contra la población árabe. Dos de las más destacadas por su posicionamiento en el Gobierno de Benjamín Netanyahu son Bezalel Smotrich, ministro de Finanzas, e Itamar Ben Gvir, ministro de Seguridad Interior. Ambos forman parte de Poder Judío, una la coalición de partidos etnonacionalistas con la que el Likud se alió tras las elecciones de 2022 para permanecer en el poder.
Varios países, como España, Reino Unido, Canadá y Países Bajos, han sancionado y prohibido la entrada a sus territorios de ambos mandatarios por sus declaraciones racistas y sus políticas dirigidas a expulsar o exterminar a la población árabe que vive en la Cisjordania ocupada o en la Franja de Gaza. Otras figuras de influencia en Israel que han alentado discursos antiárabes y han promovido su expulsión de toda la Palestina histórica han sido colonos y colonas como Daniella Weiss, Yossi Dagan o Tziporah Plitz.