El logo del PP apenas se vislumbra en la imagen de campaña electoral que María Guardiola ha utilizado en sus carteles. Las siglas, reducidas al mínimo y colocadas sobre el hombro izquierdo de la presidenta y candidata del PP, intentan pasar desapercibidas. Guardiola ha optado por una campaña sin alaridos, sin titulares y sin compañía. Solo se ha dejado ver junto a Alberto Núñez Feijóo en dos ocasiones y el resto de viajes que el presidente del PP ha realizado a Extremadura ha sido recibido por el secretario general de la formación, Abel Bautista. Los encuentros entre Guardiola y Feijóo se han reducido al máximo, como también se han minimizado las intervenciones públicas de la presidenta durante la campaña electoral.
Mientras los candidatos de PSOE y Vox han apostado por un fuerte presencialismo, la presidenta y aspirante del Partido Popular ha afrontado la campaña desde otro punto de vista. En las últimas dos semanas ha participado tan solo en cinco actos, siendo el acto de cierre de campaña en Badajoz su sexta y última intervención antes de la jornada de reflexión y noche electoral. Miguel Ángel Gallardo, candidato del PSOE, ha habido jornadas en las que ha hecho siete apariciones públicas. Guardiola, durante estos últimos martes y miércoles previos al domingo electoral, ni siquiera ha tenido agenda pública. Tampoco acudirá al debate electoral organizado en RTVE.
«Es una campaña que abandona los mitines, donde van los convencidos», explica Abel Bautista, secretario general del PP en Extremadura. La mano derecha de Guardiola rehúye considerar que la presidenta haya desaparecido del foco, solo lo ha movido a otro lugar, a «una campaña de cercanía» y de visitas a particulares que hayan pedido conocerla. Mientras los líderes territoriales sí han usado estrategias más polarizadoras, como sembrar sospechas sobre el funcionamiento del voto por correo, Guardiola se ha mantenido al margen.

Una menor presencia y la falta de tensión rebaja la polarización de los adversarios. Mientras el PSOE lucha por movilizar votantes y no caer a un mínimo histórico en la región, Guardiola no ha entrado a una batalla diaria que pueda reavivar a los socialistas. Fuentes del PP extremeño creen que el éxito de la campaña puede ser la desafección del votante socialista, pero no porque haya un trasvase de votos, sino porque se quede en casa debido a la imputación del candidato en la trama de David Sánchez, hermano del presidente del Gobierno. De ahí que Guardiola haya llevado a cabo una campaña de baja intensidad. Igualmente, a menos intervenciones, menos margen de error y menos veces se ha preguntado a la candidata por sus planes de pactos una vez pasen las elecciones. No hay mayoría absoluta a la vista, el propio Feijóo la considera difícil, y el futuro del PP quedaría de nuevo en manos de Vox. Ese gobierno en minoría fue la excusa para adelantar elecciones, y de no resolverse la problemática, Guardiola podría quedar marcada. La presidenta de Extremadura se ha negado a responder durante la campaña si pactará con Vox, aunque en una entrevista en La Razón ha asegurado que no pondrá cordón sanitario «a nadie» a la hora de negociar pactos.
Sus escasos actos con Feijóo se justifican desde Génova, al considerar más oportuno que los líderes de mayor impacto se repartan los actos para dar más juego. En el PP nacional argumentan que es mejor eso a reunir sus caras más mediáticas en un mismo evento, aunque la diferencia con Vox es llamativa. Santiago Abascal ha optado por todo lo contrario y ser la principal atracción de los actos de Vox en los diferentes eventos que ha organizado en los grandes municipios de la comunidad.