Bad Bunny, el papa latino del pop, bendice Madrid a fuerza de ‘hits’ y perreo

Cuando se encara un concierto de este calibre y expectación desde el periodismo, como es este primer show en Madrid del DeBÍ TiRAR MáS FOToS World Tour, de Bad Bunny (o el The Eras Tour de Taylor Swift o el Lux Tour de Rosalía), sabemos que venimos a un espectáculo multidimensional planificado por un gran equipo, impulsado por una popularidad desbordante con 60.000 personas bailongas, en este caso en el estadio Metropolitano, que quizá pudieran girarse de golpe y mirarte amenazantes si osaras practicar una crítica negativa. Y es que, además, no está sencillo tampoco, no se crean, estas estrellas saben dar a su público lo que quiere. Y máxime con un inicio salsero tan rotundo y un cierre tan emocional.

Informe Semanal – De Puerto Rico pa’l mundo

La residencia madrileña de diez conciertos de Benito Antonio Martínez Ocasio, que había iniciado la gira europea con dos estadios en Barcelona pocos días antes, se centra (aunque no solo, también luce Un verano sin ti y YHLQMDLG) en su exitosísimo último álbum DeBÍ TiRAR MáS FOToS, Grammy a ‘Mejor Álbum del Año’ y primera vez en la historia por una obra musical en español. Un disco-carta de amor y folclor a Puerto Rico, un alegato político hacia sus esencias perdidas o en peligro, a la vez también que lo trufa con las canciones sentimentales habituales del pop y más o menos brillantes. Entre ritmos electrónicos, reguetón, salsa y géneros nativos como la plena y la bomba, del brillo de Baile inolvidable también está también el Everest de almíbar WELTiTA.

Bloque salsero

A falta de una semana para que visite España el papa León XIV, en los aledaños del estadio en los instantes previos al concierto cayeron unas gozosas gotas de alguna nube descargadora para refrescar un ambiente imposible de enfriar. Había ganas de perrear en las 60.000 personas que llenaron el estadio, vaya. La gran gira del año en España con permiso de Rosalía empezó en la capital con un vídeo de Bárbara Lennie y su hijo invocando el regreso del Conejito Malo a España, y así apareció el coloso boricua en medio del escenario principal, silente, con un elegante vestido blanco, observando con alegría templada durante un rato a todo el estadio. Y empezó así su descarga de su sudor. La Mudanza, (la locura con) Callaíta y un Pitorro de coco que sonó muy emotivo en su duel («Feliz Año Nuevo, pero no tan feliz. Te dieron un beso a las 12. Y no fui yo quien te lo di») y con un bello guiño del guitarrista al Entre dos aguas de Paco de Lucía.

¿Qué podemos decir ya del inicio? Celebrado. Bailado. Gritado. Pocas sorpresas. En lo sonoro la cosa era estridentilla, no obstante. «¿Quién me va a dar una vuelta por Madrid? Quién. Quién. Quién», animó Bad Bunny arropado por Los Sobrinos, una orquesta puertorriqueña de 16 miembros, con percusión, teclados, contrabajo, vientos y coros. Después llegó WELTiTA, acompañado por Chuwi, y una delicada Turista. El montaje es un despliegue inteligente pero nada ostentoso, incluso sencillo si lo comparamos con la fantasía faraónica escenográfica de una Taylor Swift, y que tiene la jugada maestra marketiniana de La Casita para llevar al famoseo local, porque el foco no se centra tanto en un espectáculo grandioso, que también, sino en su persona, con unos audiovisuales de tonos cálidos en busca de lo icónico de su figura. 

«Este show va de disfrutar las cosas pequeñas de la vida», dijo después Bad Bunny, en un concierto cuyas entradas habían costado desde 80 y pico euros las más baratas hasta los más de 500 del paquete vip máximo. Y comenzó un ambiente sintético tipo Vangelis estirando un teclado que estalló en un Baile inolvidable que provocó el ídem en la grada por éxtasis salsero y que desembocó en un “Beniiiiiito, Beniiiiito, Beniiiiito…” por parte de las miles de gargantas. Hablamos de una de las canciones más memorables de 2025. De las de nailar y llorar a la vez. Y acto seguido, pidió al público un aplauso para ellos mismos y empezó “Nuevayol” con un cuerpo de baile y expandida con solos de teclado. Apoteosis. Qué buen cierre de acto y qué alaridos del feliz público. 

La Casita

Entre que Bad Bunny se trasladaba por el subsuelo a la famosa Casita, salió el sapo concho puertorriqueño en dibujos en las pantallas para amenizar y hablar del cocido madrileño, los huevos rotos y las orejas a la plancha en un audiovisual entre simpático y horripilante. Y luego preguntó: «¿Quién quiere perreo?». Y apareció la estrella en la Casita para darle fuerte al reguetón al lado de Esther Expósito (la mayor parte del rato) o Ana de Armas, Marta Ortega, María León, Álvaro Carreras del Real Madrid o Isi Palazón, del Rayo Vallecano. Aquí cayeron Velda, una festejada Tití me preguntó y Neverita, con su reguetón, su urban y su tecnazo que nunca falla. 

Todo listo en Barcelona para el primer concierto, este viernes, de la gira española de Bad Bunny

Un hecho inaudito ocurrió después cuando el concierto se paró y el artista estuvo saludando y dando abrazos a las primeras filas durante quince minutos. Cercanía con el pueblo vip. Cayó hasta algún tímido pitido, y al final subió a algunos a La Casita para seguir dándose abrazos muy sentidos. Había un chico que estaba derrengado de la emoción, con el artista boricua acompañándole con un lamparón tipo test de Rorschach de sudor en la espalda de su chaquetilla de chándal.

Después Benito se subió al techo La Casita para cantarse muchísimos reguetones tales como VOY A LLeVARTE PA PR, la ya mítica Yo perreo sola, Safaera, Diles o el trap de Monaco que puso al público a dar saltos tipo malote y alguno incluso hacerse vídeos mientras levantaba el brazo sacando bola. En general, fue un día grande para Instagram en Madrid. Ah, y todo esta acto fue sobre unas bases electrónicas sin deejay a la vista. Al final son tantos hits aglutinados que el hecho de que fuera una sección sin demasiada sorpresa escénica al coreante público le importó un rábano. 








No recomendado para menores de 7 años




Bad Bunny eleva el orgullo latino en la Super Bowl | Ver


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Transcripción completa

benito irrumpió en el salón de 130
millones

de personas y les puso sobre la mesa
doble ración.

Ritmos latinos y

español sin complejos.

Un orgullo para casi 60 millones de
hispanohablantes en Estados Unidos

Y para la música y las referencias
latinas que ha llevado al prime time

Todo esto lo pone en escena este
influencer que es Bad Bunny y

obviamente pues todo el mundo se vuelca

en pos de una moda en pos de un
fenómeno en pos de una mirada porque

guste más o menos hay

que enmarcar la actuación en un momento
político concreto y en un momento

cultural de creciente poderío latino

¿Quién no le gusta la música latina?

Cada vez se escucha más.

Sí, bastante.
Estar así de moda

es para muchos una oportunidad.

Saber aprovechar un momento en el cual
si todo

el mundo mira a America Latina, pues
que América Latina saque lo mejor de sí

misma.

Y

recalca que hay mucho más que
reggaetón, pero el reggaetón de Bad

Bunny abre una puerta.

Duolingo nos ha mostrado así..

cómo se ha disparado el interés por el
español.

En el Instituto Cervantes confirman la
tendencia

Me puede gustar más o menos.

Un escritor como Leonardo Paduda es muy
poco partidario del reggaetón, pero a

la hora de los datos..

pues resulta que el triunfo del
reggaetón hace que mucha gente se

interese por el español

en los Estados Unidos.

Y lo compara con el boom de las
telenovelas en los 90, que despertaron

el aprendizaje del español en países
como Rumanía

Bad Bunny reivindica el orgullo latino y dispara el interés por aprender español

Parlanchín, ceremonioso y constructor de intimidades ante multitudes, Bad Bunny acometió la canción exclusiva que cada concierto hace. En esta ocasión fue Adivino con su compatriota Myke Towers. En conjunto, esta sección fue como estar demasiado tiempo en una discoteca-karaoke con un sonido muy potente hasta la sordera, que funcionaba, pero que tenía sus momentos de bola y planicie musical. Trataron de compensarlo con juegos de luces y la sorpresa del invitado, que canto Si se da y LA FALDA mientras Bad Bunny descansaba y se hacía ya noche cerrada. 

Debí tirar más fotos de este concierto

Apologeta del festejo (y el alcohol, evocado sin mesura en sus canciones), el intérprete de la Vega Baja que desafió desde el amor y la inclusión a Trump en esta Super Bowl volvió de nuevo al suelo de La Casita con los famosos para, acompañado de instrumentistas y cantantes de nuevo, Los pleneros de la cresta se llamaban, llegados de Puerto Rico también, retomar el sabor salsero con CAFé CON RON extendida con juegos con el público y de percusión y que acabó desinflada.

Por concluir el análisis, en este segundo acto en La Casita hubo cierta irregularidad compaginada con viralidad y muchos momentos de gran disfrute, demasiado enlatados. Digamos que no es un espectáculo-rodillo sino que tiene sus tiempos, su reposo y sus pausas sui géneris y hasta un desdibuje por momentos en un un concierto maratoniano pespunteado de muchos clímax por el cantante más escuchado en el mundo en 2020, 2021, 2022 y 2025. 

A la tercera pata del concierto el personal diríamos que llegó renqueante y, en época ya de calores en Madrid, Bad Bunny se puso un gorro orejero a lo Ignatius Reilly y cantó Ojitos lindos para ver si levantaba de nuevo la energía a los asistentes. Siguió sin conseguirlo del todo con La canción y empujó aún más con KLOuFRENS, un eficaz levanta-muertos entre el el trap y el synth-pop que pareció resultar. Con DÁKITI lo consiguió definitivamente, en cualquier caso, con esa base que es como el sonido del viento ululante, bombo fuerte y un estribillo que puso a dar botes de nuevo a todo el público (y hasta a los periodistas). 

Depués se vino El Apagón, con una parte final de electrónica dura tremenda que fue uno de los clímax indudables seguida de DtMF, preciosa en sus varias dimensiones, muy emotiva y con charla inspiradora en su mitad para que disfrutemos el momento que se fuga, y en donde Bunny pidió que la gente dejara el móvil y levantara las manos, y cerrarla así por todo lo alto hacia el cielo. Luego se marchó un minuto, corearon su nombre y volvió con una cañerísima EoO y un rótulo gigante que ponía «PERREO». Y ya.

O sea, “si te quieres divertir con encanto y con primor…” pasó. A tenor del nivel de decibelios de los chillidos, las caras de contento del personal y que desde la primera canción toda la grada estuviera de pie y bailando casi tres horas. Pasó. Y pasará nueve veces más.