Las aguas geopolíticas del Caribe siguen agitadas. Tras el
ataque y secuestro de Nicolás Maduro el pasado tres de enero, un Donald Trump
envalentonado por el éxito de su operación puso el foco en Cuba e incrementó el
draconiano embargo económico que sufre la isla desde hace seis décadas
imponiendo un bloqueo petrolero que ha agravado la crisis que ya sufría la isla
caribeña.
Desde entonces, la Casa Blanca ha reiterado una y otra vez
que Cuba «está a punto de caer». Este viernes 13 de marzo, el presidente cubano
y primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC), Miguel Díaz-Canel, ha
anunciado en una inusual comparecencia de prensa de más de hora y media que La
Habana y Washington mantienen negociaciones. «Estas conversaciones han estado
orientadas a buscar soluciones, por la vía del diálogo, a las diferencias
bilaterales que tenemos entre las dos naciones», afirmó el presidente con una
retórica calmada y cautelosa.
Díaz-Canel: «Estas conversaciones han estado orientadas a buscar soluciones a las diferencias bilaterales que tenemos»
«En los intercambios que se han sostenido, la parte cubana
ha expresado la voluntad de llevar a cabo este proceso, sobre bases de igualdad
y respeto a los sistemas políticos de ambos Estados, a la soberanía, y a la
autodeterminación de nuestros gobiernos». Las conversaciones habrían tenido
lugar «recientemente», aunque el presidente no ha explicado si se ha alcanzado
algún acuerdo o si está encima de la mesa de negociaciones cambios
estructurales en el sistema económico y político cubano. Algo que Marco Rubio, secretario de Estado de Trump había exigido el pasado 28 de enero en
declaraciones a la prensa. «¿Cambio de régimen? Oh, no. Creo que nos
gustaría ver que el régimen allí cambie».

Excarcelación de presos en una grave crisis
energética
Unas horas antes de la comparecencia de Díaz-Canel, en la
noche del jueves 12 de marzo, el Gobierno cubano anunció la excarcelación de 51
presos, en un movimiento facilitado por el Vaticano. «En el espíritu de
buena voluntad, de estrechas y fluidas relaciones entre el Estado cubano y el
Vaticano, con el cual se ha mantenido históricamente una comunicación sobre los
procesos de revisión y excarcelación de personas privadas de libertad, el
Gobierno de Cuba ha decidido liberar en los próximos días a 51 personas
sancionadas a privación de libertad», rezaba el comunicado del Ministerio
de Relaciones Exteriores, que en ningún momento mencionaba a Estados Unidos.
Ambos anuncios -la excarcelación de presos y la confirmación
de negociaciones con Washington- llegan en un momento de crisis económica y
energética sin parangón en décadas. Los cortes de luz se prolongan durante
varias horas al día en toda la isla, con especial virulencia en las provincias
del interior. Cuba solo extrae petróleo para cubrir algo más de un tercio de su
demanda energética. El cambio de Gobierno en Venezuela y la tutela
estadounidense sobre Caracas han cortado de raíz el suministro de crudo que
durante años llegó a cubrir hasta el 90% del consumo energético de la isla.
«Hace más de tres meses que no entra un barco de combustible en el país.
Estamos trabajando en unas condiciones muy adversas, con un impacto
inconmensurable en la vida de todo nuestro pueblo», reconoció el propio Díaz-Canel
en su intervención del viernes.
El cambio de Gobierno en Venezuela y la tutela estadounidense sobre Caracas han cortado de raíz el suministro de crudo
El cerco energético que promueve Trump funciona en cascada.
La falta de petróleo colapsa la generación eléctrica; la falta de electricidad
paraliza el turismo, principal motor de divisas de la isla; y la oscuridad
industrial ahoga la actividad productiva. Un círculo vicioso que se
retroalimenta y que ha llevado al PIB cubano a caer en torno a un 11% desde
2019.
Desde la caída de Maduro, La Habana ha apostado por una
acelerada, pero complicada, transición energética hacia la energía solar. A
finales de 2024 Cuba contaba con apenas 262 megavatios instalados en parques
fotovoltaicos; al cierre de 2025, la cifra había alcanzado los 1.200 megavatios -una multiplicación por cuatro-, y el programa gubernamental aspira a los 2.000
megavatios totales para finales de 2026, con China como socio tecnológico y
financiero fundamental. Paneles, baterías de almacenamiento, asistencia técnica
como solución a contrarreloj para evitar el colapso económico. «Cuba ha
dejado de ver las renovables como un gesto ecologista para considerarlas una
operación de rescate nacional«, resumió en marzo el ministro de Ciencia,
Tecnología y Medio Ambiente, Armando Rodríguez Batista. Pero la solar es luz
diurna. Cuando cae el sol, el sistema se resiente: el 4 de marzo, una avería en
la central termoeléctrica Antonio Guiteras -la mayor del país, en Matanzas– dejó sin electricidad a gran parte del occidente y el centro de la isla durante
casi 72 horas. La dependencia fósil sigue siendo estructural, y la energía está
lejos aún de desplazar el papel central de las fósiles.
El Vaticano y México, posibles mediadores
Con las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos
en su punto más crítico desde la Crisis de los Misiles, dos actores externos podrían
a desempeñar un papel de bisagra. El primero, y un rol de mediación histórico
entre ambos países, es la Santa Sede; que ya durante el papado de Francisco fue
clave para el histórico deshielo de 2014. La liberación de presos anunciada
este jueves confirma que el Estado Pontificio sigue siendo un interlocutor
válido para ambas partes.
El segundo es México. La presidenta Claudia Sheinbaum lo
formuló con claridad el 12 de febrero: «Nosotros hemos planteado que
México pone todo de su parte para poder generar un diálogo que permita, en el
marco de la soberanía de Cuba, un diálogo. Estamos insistiendo en que México
puede funcionar como el Estado de la nación que abra las puertas para el
desarrollo de este diálogo«. El ofrecimiento fue transmitido formalmente
tanto al Departamento de Estado estadounidense como a la embajada cubana en
Ciudad de México. Pero Sheinbaum también puso un límite: «Depende de los
dos países. Ya lo hemos dicho públicamente, y en privado. Pero ya depende de
que se den las condiciones». Hasta ahora, ninguna de las dos partes ha
aceptado o rechazado públicamente la propuesta mexicana, aunque Díaz-Canel
aseguró este viernes que «hay factores internacionales que han facilitado estos
intercambios».
Por ahora, la retórica cubana no deja entrever la
profundidad real o no de las negociaciones con un Donald Trump que muchas veces
ha utilizado el diálogo como una herramienta con la que mejorar las relaciones
bilaterales –caso de México o Colombia-, y otras veces como una fórmula vacía
previa a un ataque –Venezuela e Irán–. Solo el tiempo dirá en cuál de los dos
escenarios opera la Casa Blanca respecto a Cuba.