Las cartas están sobre la mesa. Ya no es una sugerencia ni una idea lanzada al vacío. Irene Montero y Gabriel Rufián han diferido en algunas posiciones en el acto celebrado la tarde de este jueves, 9 de abril, en Barcelona, pero no en la esencial. El evento llevaba por título ¿Qué hay que hacer? Y lo que hay que hacer, de acuerdo con lo defendido por ambas figuras políticas en la Universitat Pompeu Fabra (UPF), es «inventar algo electoral» para frenar el avance del fascismo. «Cuando digo que quiero hacer equipo con Gabriel es porque soy consciente de que hay que hacer algo». Así lo ha repetido hasta la saciedad Montero tanto en el acto como en las entrevistas ofrecidas durante el día.
Antes de que diera comienzo el intercambio, el ambiente estaba cargado. Tanto es así que la dirigente morada ha apuntado, en su primera intervención, que reinaba una cierta «contención» entre el patio de butacas. Era la expectación por si se lanzaba una propuesta en firme. Sin embargo, se ha hablado más de intenciones y necesidades que de una idea concreta y cristalina. Ya avisaba Xavier Domènech, exdiputado en el Congreso y en el Parlament de Catalunya, en conversación con Público, de que el debate no tenía por qué ser «concluyente», sino algo así como una base sobre la que empezar a construir.
Los primeros compases han sido los esperados. Rufián ha defendido la potestad —y la oportunidad— que tiene ERC de «inspirar» a las izquierdas españolas y ha sido muy claro en una convicción: «Me niego a avergonzarme por decir que quiero que a las izquierdas españolas les vaya bien«. Y ha abrochado: «Yo quiero un gobierno del PSOE sometido a EH Bildu, ERC, Compromís o Adelante Andalucía».
Montero, recuperando una arenga tantas veces reproducida en las filas de Podemos, ha llamado al cambio. «No todo es ganar votos, sino la convicción profunda de que las cosas pueden cambiar«. La eurodiputada, en ese punto, ha interpelado a todos aquellos que «están hartos de agachar la cabeza» porque «ahora lo que mola es decir que la violencia no tiene género o que los migrantes son delincuentes». A esa gente es a la que las izquierdas tienen que dar esperanza. Sacarla de sus casas y permitirle mirar, de nuevo, al frente. Y para ello hace falta, en palabras de la política morada, «hacer equipo» con tal de evitar que las derechas —con todos sus resortes mediáticos, políticos o judiciales— «nos arrasen«.
La premisa se ha ido esclareciendo a medida que han pasado los minutos. No hay que hablar solo de lo electoral, pero también hay que hablar de lo electoral. Se respiraba entre la pareja la sintonía necesaria para probar algo nuevo. Domènech, que ha moderado la conversación, ha condensado en una cita su tesis sobre la reconfiguración del espacio: «La única forma de parar al fascismo es la alianza de las izquierdas«. Ni Rufián ni Montero han ahondado en el cómo, pero el republicano sí que ha dicho sin tapujos que hay que «inventar algo». Y ha apostillado: «Sí, electoral«. Tras el acto que compartió Rufián con Emilio Delgado en febrero, el político independentista ya habló de una fórmula para concurrir a unas elecciones: que por cada provincia se presentara solo la izquierda con más capacidad aglutinadora.

En Barcelona, Rufián consolida la idea de generar una alianza electoral y, además, suma a Podemos a la causa. Eso sí, el catalán ha deslizado, en un dardo —no demasiado venenoso— a las fuerzas políticas que, cuanto más se entre en el «cómo«, más fácil lo tienen para poner pegas. Por lo tanto, la conclusión es clara: generar ilusión y fomentar la idea del frente amplio, pero dejar tiempo «a las cúpulas de los partidos» para que dialoguen.
Ensanchar el marco de la izquierda
Si algo ha conseguido el acto es despejar varias dudas, amplificadas en los últimos días por el altavoz de los medios de comunicación. Primera: ¿Aspira Rufián a postularse como candidato a las próximas generales?. «Yo no quiero gobernar España, yo quiero que se gobierne bien España», ha atajado, a modo de respuesta, el portavoz republicano. Segunda: ¿Están dibujando Rufián y Montero una suerte de tándem electoral? «Hacer equipo para movilizar a la izquierda merece la pena», planteaba, en un primer momento, Montero. Una mano tendida que, a lo largo del acto, se ha ido diluyendo.
«No hay una única vía», razonaba, cerca del final, Rufián, animando, eso sí, a la construcción de un «bloque de las izquierdas«. «¿Por qué no formamos un grupo interparlamentario en el Congreso?», exhortaba a los partidos que integran la cámara. Bildu, BNG, IU o Sumar. Un grupo que defienda, ha seguido explicando, una causa común. «Cada uno en su casa y el antifascismo, el derecho a la autodeterminación y la dignificación de las condiciones de vida —pasando por la vivienda—, en casa de todos», terminaba de dar forma a la idea.
Tercera: ¿Es la unidad la llave para cerrarle a las derechas las puertas de La Moncloa? Domènech ha hablado de «la alianza de las izquierdas» como única vía, un guante que han recogido los dos ponentes, aunque con matices. «No hay una fórmula mágica«, reconocía, por su lado, Rufián, que no ha dejado, por ello, de lanzar algunas pistas. «Evitemos faltarle al votante de Vox y de Aliança Catalana. No todos son unos fachas», criticaba, para empezar, el diputado de ERC, recordando que el problema no son solo los fascistas, «también los neutrales«. Una clave más: la izquierda tiene que disputar la batalla por el poder digital. «Yo prefiero llenar TikToks que bibliotecas«, aseguraba, consciente de que hay que hablarle a la gente «de tú a tú».
En cualquier caso, para Rufián, la principal tarea de la izquierda sigue siendo material: «Llenar la nevera«. «¿Por qué un currela de Mercadona —puteado, precario y que está pagando por una habitación lo que sus padres por una casa decente— vota lo mismo que Juan Roig?», ha sembrado el debate el dirigente de ERC, proponiendo un nuevo lema para el espacio de la izquierda: Una familia, una casa. La vivienda es precisamente, para Rufián, el ejemplo claro de que la izquierda «ha decepcionado». Dentro y fuera del gobierno, en Catalunya y en España y cediendo, para colmo, demasiados marcos a la derecha. «No podemos regalar discursos y temas. Tenemos que hablar de orden, de seguridad, de inmigración… De los temas que, tradicionalmente, incomodan a la izquierda«, se ha posicionado, sin ambages, el político independentista.
Un extremo en el que ha chocado con la oposición de Montero. «¿En qué momento la izquierda no ha hablado de seguridad«, se ha preguntado en voz alta la eurodiputada de Podemos. Seguridad es, para Montero, no ir a trabajar cuando se tiene un dolor, poder llevar a los hijos a escuelas públicas de calidad o que una víctima de violencia de género pueda tener una vivienda de emergencia pagada con dinero público. «En lugar de comprar los marcos de la derecha, ¿por qué no les contestamos desde nuestros propios valores? ¿por qué no les decimos que son unos hipócritas?», ha dado la vuelta a la conversación la dirigente morada. Desmontando, a la vez, el desgastado mantra del patriotismo: «Luchar para que las mujeres estemos vivas y no nos asesinen, luchar para que tengamos tiempo libre, luchar por no currar hasta la extenuación y por tener salarios y alquileres dignos, eso es decir Viva España«.
Que la izquierda soberanista lidere a la estatal
Tanto Domènech como Rufián han puesto el acento en algo que sería un cambio de dinámica histórico en el tablero izquierdo de la política española: que sean las izquierdas soberanistas las que lideren la reformulación e impulsen algo parecido a un frente común.
Domènech considera que es una «inmensa oportunidad» que en ningún caso supone «perder las siglas». «Por primera vez, podemos poner nuestros programas en el centro y construir para el conjunto de las izquierdas«, reivindica el exdirigente de Comuns. Rufián ha apuntalado el argumento y ha hablado de una aventura a la izquierda del PSOE que «no ponga en duda la autodeterminación». Para culminar el acto, y desde esa concepción más territorializada de las izquierdas, Rufián ha puesto en valor el trabajo y el futuro de figuras como Mónica Oltra (Compromís), Ana Pontón (BNG) o Teresa Rodríguez (Adelante Andalucía).